Algunas consideraciones Un niño con SD es, ante todo, una persona con una vida por delante, la responsabilidad de los padres, de la comunidad en la que habitan, de los estados, consiste en facilitarles un entorno social y educativo adecuado a sus demandas. Esos requerimientos son de pura justicia, apuntan sencillamente a que estas personas consignan, a través de un proceso educativo integrador que los estimule y extraiga de ellos sus mejores cualidades, convertirse en ciudadanos partícipes de una sociedad que necesita de todos. La vergonzante tradición de personas con discapacidad apartadas de un sistema educativo normalizado, de una participación social, laboral, activa e incluso subestimadas, relegadas en el seno de las propias familias, debe ser únicamente un triste retrato del pasado. En la actualidad hemos de reconocer, por mucho que nos quede por conseguir, que el reconocimiento social, la integración escolar y sociolaboral, al menos en los países desarrollados, van en claro aumento, lo cual se traduce, junto a los avances en el estado de salud general, en una mejora de la calidad de vida de estas personas. A priori, con respecto a los demás niños los que tienen SD parten con una ventaja: conocemos en cierta medida las dificultades que van a tener que afrontar a lo largo de su desarrollo, por tanto podemos comenzar desde muy pronto a allanar el camino. EN LA FAMILIA El entorno básico, inicial, de cualquier persona es la familia. Comienza aquí, inexcusablemente, el trabajo para proporcionar a las personas con SD las condiciones más favorables para su desarrollo. Aunque el niño con SD sea, desde los primeros momentos, objeto de una atención intensiva por parte de los médicos y educadores no debe olvidarse que, como cualquier otro niño, debe estar rodeado de la gente que lo ama, lo estima, lo admira y se lo demuestra. Pero esto no debe convertirse con el tiempo en una sobreprotección que anule las iniciativas y la intimidad de los chicos o la de los propios familiares. La familia debe conseguir la máxima cantidad de información y hacer participes de ella a los amigos y vecinos. Con su actitud, los padres marcan la pauta de comportamiento de las personas que rodean al niño, según lo traten los padres así lo tratarán los demás. La familia es la plataforma de lanzamiento para que los chicos con SD empiecen su integración en el barrio, en sus entornos más inmediatos. Probablemente, la idea central es normalidad, el joven con SD es como cualquier otro, con sus derechos, obligaciones y expectativas. Estos avances iniciales en la integración social constituyen los primeros pasos pata las futuras posibilidades de autonomía y son fuente de satisfacción para el conjunto familiar. EN LA ESCUELA El sistema educativo, junto al natural concurso de la familia, ha de proporcionar las habilidades necesarias para que los jóvenes lleguen a ser ciudadanos autónomos y útiles a la comunidad, esto evidentemente en algo esencial de cara a una integración social que tradicionalmente ha resultado dificultosa precisamente por la carencia de un proceso escolar adecuado. Con anterioridad a la etapa escolar en sentido estricto, es necesario que los niños con SD reciban una estimulación precoz, de gran ayuda para el desarrollo temprano de habilidades que de otra forma se conseguirán con más dificultad. Junto a dicha estimulación precoz, la actitud normalizadota que asume en la actualidad la familia desde un principio, constituyen condiciones de partida favorables para que la educación integradora cumpla sus objetivos. EN EL TRABAJO La participación social mediada por el disfrute de un puesto de trabajo es todavía una gran asignatura pendiente para las personas con SD, cabe esperar que la mejora gradual de los sistemas formativos y la creciente sensibilización social, que no es más que un conocimiento más profundo y real de la verdadera naturaleza de esta u otras discapacidades, vayan traduciéndose poco a poco en una presencia más contundente en el mercado laboral. Hoy en día, es necesaria la reivindicación de una mayor cantidad de oportunidades en este campo y el movimiento asociativo debe responsabilizarse de esta lucha. De hecho son cada vez más los ejemplos de importantes proyectos elaborados desde las asociaciones que incluyen programas de formación profesional y de conexión con el colectivo empresarial con vistas a cumplir el objetivo de una inserción laboral más generalizada entre las personas con SD.
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