Pensar en alto Hablar solo está mal visto, pero, salvo en casos como el aprendizaje de los niños, la esquizofrenia y el síndrome de Down, no es síntoma de enfermedad ¿Habla a solas? No se preocupe. La próxima vez que esté acompañado haga un pequeño sondeo a su alrededor y comprobará que no está 'solo': la mayoría de los adultos piensan en voz alta alguna vez y eso no significa que se hayan vuelto locos. De hecho, el soliloquio está presente en la vida desde el momento en que aparece el lenguaje: los niños pequeños son entusiastas practicantes y algunos incluso lo consolidan con la invención de un amigo imaginario. Sin embargo, hablar con uno mismo está socialmente mal visto, quizá porque es síntoma de algunas enfermedades mentales, como la esquizofrenia. ¿Dónde está la frontera entre lo normal y lo patológico? La psicóloga Gloria Villalobos recuerda que las personas estamos en constante conversación con nosotras mismas: ésa es la forma que adopta el pensamiento. «Nos formulamos así los contenidos de nuestras propias fantasías y pensamientos», explica a su vez el psiquiatra José María López Sánchez. «Freud decía que nos contamos así nuestras propias 'novelas' personales. Ponemos en palabras nuestras ansiedades, nuestras actitudes, añadiendo de continuo matices, reformulando apreciaciones... Ser normal es funcionar así. Y a veces descubrimos que estamos hablando en voz alta, a nadie, a nosotros», añade el médico. La psicóloga apunta señales que pueden indicar la presencia de un soliloquio patológico: un aumento importante de la frecuencia con que se realiza, la tendencia cada vez mayor a hacerlo en público, que las 'conversaciones' adquieran un contenido extraño o que la persona muestre actitudes agresivas o autodestructivas. Las ideas paranoides, delirios de grandeza, obsesiones de tipo religioso o el convencimiento de que alguien se ha metido en su cerebro son algunos de los síntomas de los esquizofrénicos. Experimento infantil Hablar a solas y el sindrome de Down Los soliloquios también son una característica común de las personas con síndrome de down. A través de conversaciones consigo mismos, se ven capacitados para afrontar determinadas situaciones o resolver sus problemas. “Es habitual que cuando se les plantea un dilema, disciernan sobre él en voz alta hasta encontrar una solución, o que recurran a las palabras como un medio para entretenerse cuando están solos”, según destaca un portavoz de la Fundación Síndrome de Down de Cantabria, quien estima que aproximadamente el 81 % mantienen conversaciones a solas consigo mismo o con compañeros imaginados. Las personas con síndrome de Down suelen hablar solas o con personajes inventados habitualmente y durante toda la vida. Al parecer, pensar en voz alta les ayuda a expresar sus emociones, organizar sus ideas y tomar decisiones. Hablar a solas no sólo es un comportamiento normal, sino que resulta muy útil para las personas con síndrome de down. “Ayuda a coordinar sus acciones y sus pensamientos, y parece ser un instrumento muy importante para aprender nuevas habilidades y para alcanzar niveles superiores en su pensamiento”, detallan los doctores D. McGuire, B. Chicoine y E. Greenbaum, en su artículo ‘El hablar a solas de los adultos con síndrome de down’. Estos autores afirman que el uso del soliloquio se interioriza progresivamente con la edad, aunque no desaparece nunca, y destacan cómo los mayores hablan a solas cada vez que se enfrentan con tareas nuevas y dificultades. “Que los adultos con síndrome de down utilicen el soliloquio para afrontar situaciones, para ventilar sus problemas y para entretenerse, no debe ser considerado como un problema de salud mental. Más bien, puede ser una de las pocas herramientas de que disponen para asegurar el control sobre sus vidas y para mejorar su sentimiento de bienestar”, determinan los expertos. Se ha comprobado que muchos adultos con síndrome de Down recurren a hablar a solas para ventilar sus sentimientos, por ejemplo los de tristeza o frustración. Piensan en voz alta para procesar los sucesos de su vida diaria. Esto es porque sus dificultades de lenguaje o cognitivas inhiben su comunicación. De hecho, sus cuidadores indican frecuentemente que la cantidad e intensidad de soliloquios reflejan el número y la intensidad emocional de los sucesos de la vida diaria que han experimentado. Sí hay que empezar a preocuparse por esas charlas a solas cuando el contenido de las mismas, su frecuencia, el tono y el contexto en que se realizan resulta extraño por alguna circunstancia o varía con respecto al comportamiento habitual, especialmente, cuando se trata de soliloquios en los que predominan los comentarios negativos hacia sí mismos, si se producen cada vez con más asiduidad o siempre que el tono se transforma en amenazador. Por último, el soliloquio es utilizado por estas personas como un simple entretenimiento. Fuentes consultadas:
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